Ojalá fuera una sátira

Algunos de los mensajes lanzados por el PP en torno al caso Gürtel-Bárcenas superan con creces las sátiras políticas más demoledoras y no hay falla ni chirigota que puedan ayudar a digerirlos.

El género de la sátira política contemporánea tiene en Nuestra pandilla del prestigioso escritor estadounidense Philip Roth uno de sus principales referentes. Publicado en 1971, antes de que estallara el Watergate, el libro ridiculiza sin piedad el estilo fullero del presidente Richard Nixon, al que retrata como el peor exponente de los abogados charlatanes y habituados a retorcer la retórica para dar la vuelta a la realidad como un calcetín. En un país convulsionado por Vietnam, los conflictos sociales internos y la represión, Nixon aparece frustrado por la posibilidad de ser un presidente de un solo mandato, como un moralista amoral y como un conspirador compulsivo obsesionado con tapar con cortinas de humo sus errores y la desconfianza que sembraba a cada paso. Es decir, todo aquello que unos meses más tarde precipitó su caída.

El momento culminante de la sátira se condensa en una reunión del gabinete de crisis del presidente quien, ataviado de jugador de fútbol americano para motivarse, recibe los consejos de sus asesores para afrontar las protestas de unos jóvenes e inofensivos boy scouts más moralistas que el propio presidente. Los esfuerzos por desviar la atención son antológicos: criminalización de un jugador negro de béisbol y de los jueces, invasión de Dinamarca para deponer a su Gobierno ‘pro-pornografía’, aplastamiento de los jóvenes exploradores…

El libro despierta sonrisas pero para un lector español actual resulta muy desasosegante. No es difícil recrear hipotéticas escenas con los presuntos consejos de taimados asesores a Mariano Rajoy en torno al estallido de la Gürtel en el seno del PP y la evolución de los mismos según han transcurrido los hechos judiciales. Sintetizando mucho y con sustanciales elipsis temporales se puede especular con algo así:

– Han pillado al gerente y extesorero Luis Bárcenas. Ya no podemos hablar de trama ajena al partido, hay que cerrar filas en torno al compañero, estamos ligados a su suerte. Cospedal puede denunciar un estado policial, una persecución del Gobierno socialista, policías, fiscales y jueces contra el PP, en lugar de perseguir terroristas. Muy fuerte tú, eso de la ETA va a ser muy impactante. Joder, estamos lanzando acusaciones muy graves, para quitarle algo de trascendencia la secretaria general que haga las declaraciones desde un chiringuito de playa o algo así. Ah, que ya está tomando el sol en Marbella a pesar de que vivimos un régimen represor y nos están machacando. No, no, no, perfecto, sigamos, en Venezuela también sale el sol en las playas de La Guajira a pesar de todo. Y González Pons que tiene más gracejo que suelte lo del ‘Gran Hermano’ y que vivimos asustados, hablando en clave por teléfono, jajaja. Sí bueno, eso puede tener connotaciones un poco mafiosas, pero que no va por ahí hombre, hablamos de pesadillas orwellianas no de traficantes en The Wire. No te preocupes, sabrán hacerlo.

– [El PP ya está en el poder y no se puede hablar de rodillo totalitario contra ellos] Qué no hay manera, Bárcenas va de cabeza a la cárcel, hay que soltar lastre. Mariano, escúchame bien: traicionó tu confianza. Tú eres la víctima de todo esto, hazme caso. Son ‘sus papeles’, sus cosas, sus chanchulleos, no teníamos ni idea. Qué va, los SMS del ‘sé fuerte’ demuestran lo contrario, una confianza traicionada. Di mucho SMS, que a la gente le hace gracia, jajaja, como tienen grabada de ti esas imágenes en las que miras un ordenador como si fuera un OVNI tendría mucho impacto que dijeras que no vas a renunciar a seguir mandando SMS a pesar de todo, así de confiado en el género humano eres… Encima que haces un esfuerzo tecnológico, jajaja, como cuando utilizaste un plasma para negar los sobresueldos, se hablaba más de eso que del meollo de la cuestión.

– El juez mantiene que de contabilidad B de Bárcenas nada, que el partido usó donativos y aportaciones ajenas a la contabilidad oficial y que se destinaron a campañas electorales, a complementos de sueldos y al pago de distintos servicios y gastos en beneficio del PP. Están imputados tres extesoreros, no sólo Bárcenas, hemos destruido ordenadores, vídeos y otros registros sobre los donantes del partido… El juez ha pedido un cálculo a la Agencia Tributaria sobre a cuánto ascendería un posible delito fiscal por pagar con dinero negro la reforma de la sede del partido. Hay una continuidad clara y es poco creíble que alguien del que renegamos nos pagara por altruismo todo eso. Podemos mezclar las conclusiones del perito de Hacienda con un argumentario elaborado desde el ministerio de Montoro, que recurra a alguien de su confianza, creará mucha confusión, algo así como que donar al PP es como donar a Cáritas, jajaja, ¡toma ya! Claro que nos van a caer palos siderales, pero tu que prefieres leer, ‘un partido que no es una ONG’ o un ‘partido que es como la cueva de Alí Babá’. Pues eso. Jajaja, y luego dicen que comunicamos mal.

Las recreaciones expuestas con anterioridad son ficciones, con alguna licencia como las risotadas, meras conjeturas. Los mensajes que se lanzaron a la opinión pública no. Todos son reales y se produjeron: la ‘persecución’ totalitaria denunciada por Cospedal desde el sol de Marbella, el miedo de González Pons a hablar por el móvil, la pérdida de confianza de Rajoy en Bárcenas pero no en los SMS, el argumentario hablando de Cáritas mezclado con un informe pericial… Se puede especular con si Rajoy gestiona sus crisis enfundado con un maillot de ciclista, pero no hay chirigota ni falla que pueda hacer más digerible este espectáculo lamentable y esta vergonzante huida de responsabilidades. Ojalá fuera una sátira, pero no lo es.

Publicado originalmente en El Plural el 02/04/2015

 

No molestar: Gobierno repartiendo el pastel

Lo malo de cuando Mariano Rajoy proclama con orgullo que no ha hecho “política” en esta legislatura porque estaba ocupado en la economía es que tiene mucha razón
En la entrevista del otro día de Carlos Herrera a Mariano Rajoy en Onda Cero el primero elogió la calidad del café de Moncloa, nada dijo de la mantequilla y los pasteles pero debieron ser también abundantes y jugosos a tenor del tono que tuvo el encuentro. Hubo un momento en el que el presidente salivó y a buen seguro estuvo tentado de poner los pies sobre la mesa y encenderse un puro, cuando el periodista le preguntó por qué no había hecho “política” en este legislatura.

Aquí hay que hacer un paréntesis. Determinados comunicadores de la órbita del poder venden la ‘política’ de derechas como cuestiones del tipo mano dura con Cataluña, la defensa de los toros, suprimir Educación para la Ciudadanía, hacer una Lomce, echar una mano o varias a la Iglesia… En esos terrenos Rajoy ha hecho en cualquier caso lo que se espera de un líder conservador, ¿entonces a qué se refieren? Lo aclaró Ana Botella dos días después cuando le plantearon la misma cuestión en Espejo Público de Antena 3: entre las “esencias” del partido también está luchar contra el aborto y ahí no han ido tan lejos como se esperaba. La conclusión que se deja al espectador es que el PP no es de “derechas” porque no se ha cargado el aborto. ¡Cuánta candidez impostada!

Volvamos a Rajoy salivando ante la pregunta de Herrera, no era ni necesario abrir la boca porque la respuesta estaba implícita, pero por si acaso se decidió a dejarlo bien claro. Sí, el presidente no hizo política porque estaba con la “economía”, que en la vida hay prioridades. Y a partir de ahí el relato de que España iba al abismo y él nos salvó del desastre aunque la deuda pública se haya multiplicado, y expuso sus veinte comparaciones con Grecia cuando las circunstancias macroeconómicas de ambos países nunca tuvieron nada que ver (el único paralelismo posible con España por el problema de la deuda privada, la incidencia del pinchazo inmobiliario y el agujero en el sector financiero sería Irlanda, pero tampoco).

La política no existe, qué cosas… No es política la política monetaria del BCE que decidió el momento de rebajar las primas de riesgo de los países periféricos, especialmente de España (que por cierto alcanzó su punto más alto con Rajoy al frente del Gobierno y en el contexto de las presiones para aceptar las condiciones del rescate financiero). No es política la decisión del Gobierno de Rajoy de ‘nacionalizar’ cajas y gestionar buena parte de sus activos a través de operadores privados como KPGM, la compañía cuyo presidente tiene contratado a Aznar como asesor, o a la inmobiliaria vinculada a fondos buitres para la que trabaja uno de los hijos del expresidente popular… ¿No se enteró Botella de esas cuestiones ‘menores’ tan preocupada como estaba por el aborto? Política no es regalar el registro civil y ponerle aranceles… Política no es el enorme agujero negro que une Administraciones, grandes empresas y lobbys en este país, en el que el bufete fundado por Montoro es apenas otro ejemplo más, y eso sin entrar en las adjudicaciones y las donaciones caritativas tipo Gürtel… Llámalo puertas giratorias, llámalo expolio, llámalo casta, llámalo capitalismo de amiguetes… Es lo que es, un engranaje que funciona así y en el que lo público y privado se confunden para interés de unos cuantos.

Ya abordamos estas cuestiones al hablar de la ‘tecnocracia’ que nos desgobierna, pero la pretendida asepsia de las directrices de gobierno es una cuestión clave para entender los apoyos actuales de la derecha. En el fondo Rajoy y Herrera tienen razón: la política, entendida como gestión de los asuntos públicos, ya no existe, limitada a su papel de meros recaudadores y a sostener con pinzas pensiones, prestaciones de desempleo, sanidad y educación, siempre amenazas por las privatizaciones ya consumadas en otros ámbitos. Lo que existe es la ‘economía’, entendida como la ciencia de asignar recursos escasos. No estaban haciendo política, estaban repartiendo el pastel.

Publicado originalmente en El Plural el 19/03/2015

 

La ruptura

Luis García Montero y Ángel Gabilondo tienen ante sí un reto colosal. Recuperar el crédito no tanto de la política como de las organizaciones. Utilizar su aura personal en favor de las impopulares y sospechosas estructuras. Y cerrar la enorme brecha con los jóvenes.

Aunque el periodismo es uno de los sectores que más destrucción de empleo ha sufrido en estos últimos años se trata de una profesión que vive en una crisis perenne y cuenta con el dudoso honor de haber estado entre las pioneros de algunas de las pésimas prácticas laborales ya convertidas en moneda común: temporalidad, falsos autónomos, extenuante marquismo personal por encima del producto final, desconexión con lo que debía ser el propio objetivo profesional… Hace unos quince años tuve la oportunidad de trabajar en una empresa de cuyo nombre ni quiero acordarme ni tiene relevancia para el caso que siempre me ha parecido paradigmática de un cambio general y generacional, de la transición de un incipiente Estado de bienestar con luces y sombras al descerebrado modelo de capitalismo subvencionado y sálvese quién pueda en el que chapoteamos.

Aquella empresa se había asentado sobre un modelo gris pero eficiente, digamos que elaboraba noticias como coches en una factoría del fordismo. Era un engranaje bien engrasado, sin ningún margen a la imaginación o a las nuevas ideas, pero que había funcionado hasta entonces porque sus noticias eran como un buen utilitario: feo, de facturación impecable en lo básico y muy fiable. Se generaba dinero y el modelo era muy jerárquico pero extremadamente claro: había cargos y reconocimientos como en cualquier sitio, pero todos participaban del éxito de la empresa en la medida en que aguantaran la insalubridad y el tedio inherente a cualquier sistema lineal de producción. Aguantar suponía trienios y quinquenios bien definidos, los propios trabajadores bromeaban sobre su condición de funcionarios de la información desapasionados pero eficientes y bien remunerados. Los nuevos hacían las tareas más ingratas, pero se enganchaban a la rueda como cualquier otro con el horizonte de las misma buenas condiciones si aguantaban y trabajaban bien. El sistema que había llevado al crecimiento se quedó obsoleto y empezó a hacer aguas, no llegaba dinero suficiente, y antes que cambiar se decidió acortar por abajo: los jóvenes que se incorporaran tendrían condiciones diferentes, carne de cañón, leños indistinguibles para quemar en la base de la pirámide y mantenerla viva. En esa agradable época desembarqué. El planteamiento obviamente no era tan sincero, eso se reconocía una vez dentro en confesiones informales, el sueldo inicial era mísero pero oficialmente los incentivos, la zanahoria de las mejoras, seguían existiendo. Pero eran falsos porque la clave era que los nuevos nunca alcanzaran el estatus de los veteranos porque no era sostenible. Aquello acabó en una breve batalla generacional entre los que con esa soberbia de la juventud pero también con iniciativa creíamos que podíamos aportar algo más para mejorar y no quedarnos estancados y los asentados que reivindicaban lo hecho, que había sido mucho, pero solo aspiraban a conservar lo que tenían y de tanto énfasis en mantenerlo igual se les estaba escapando de las manos. Se nos reemplazó gradualmente por nueva carne de cañón, como estaba previsto en cualquier caso, y a otra cosa. Lo último que supe de aquella empresa es que lo que había empezado con recortes en la base eran ya ERES generalizados y sin visos de recuperación. La ruptura de la claridad y el fin de las normas homogéneas, la injusticia que se planteó como solución, había sido el epitafio de una empresa que sólo aspiraba a que la inercia del tran-tran les arrastrara algo de tiempo más.

Ahora, al menos en el plano laboral, ya no se trata de jóvenes y veteranos en un sistema cruel en el que la vida ‘útil’ del trabajador se achata y se concentra excluyendo a los que están por debajo de los 30 y cada vez más también por encima de los 45, de locos. La precarización se generaliza y no es una etapa inicial de la vida profesional. Pero miro a la política y a ese enfrentamiento entre lo ‘nuevo’ y lo ‘viejo’, entre la demolición del ‘régimen de 78′ que esgrimen los que como Pablo Iglesias nacieron a partir de esa fecha y la reivindicación de ‘lo conseguido’ de los antecesores, y lamento lo pésimamente que se ha gestionado la colaboración generacional. Y claro que pienso en la izquierda, en las discusiones entre personalismos y organización, pero cómo iba a ser de otra manera cuando el capitalismo actual demanda ‘autónomos’, autosuficiencia aparente, flexibilidad continúa para responder con rapidez a los cambios y sobre todo marca, y antes personal que organizativa. Así nos han educado, futuro incierto y pasado sospechoso, con lo cual lo efímero adquiere carácter de continuidad en el escepticismo perpetuo. De hecho la estructura fija se entiende como un lastre cuando hoy solo debes contar con un producto que ya se producirá en serie dónde sea más barato. Pienso en las convulsiones generacionales internas de IU claro pero también en un PSOE en el que Pedro Sánchez aparece en la foto desvinculado de sus antecesores, al menos de Zapatero y Felipe González, o en una Susana Díaz para la que Griñán o Chaves suponen un riesgo cierto. Hasta a Podemos le han encontrado ya el pecado original con Monederoo por la vía paterna, porque puede haber rupturas pero no inmaculadas concepciones.

Las organizaciones apestan y esconden cadáveres en los armarios, pero siguen siendo claves como demuestra día a día ese partido que sólo aspira a nadar y guardar la ropa sin mejorar nada y sobrevive a sus estructuras en A y en B. Porque el PP es una maquinaria de poder y por eso precisamente sobrevive a todo lo que está pasando, habrá que ver qué pasa con su estructura si pierden las elecciones. La organización es tan importante que el PP ganó con un antilíder como Rajoy a los mandos (aunque con Bárcenas llevando las cuentas tampoco faltó cuantioso dinero para campañas muy potentes) y la única que ha desarrollado una marca personal al margen del partido, Esperanza Aguirre, tiene que suplicar mientras espera para saber si es elegida o no como candidata.

Dos personas ajenas a las estructuras pero veteranas han sido elegidas para recomponer IU y el PSOE en Madrid, Luis García Montero y Ángel Gabilondo. Ambos son también marcas llenas de connotaciones, desde la sensibilidad del poeta y catedrático de Literatura hasta la sensatez y la flema del catedrático de Metafísica, y ambos comparten el compromiso ético y ciudadano del profesor de ecos republicanos. A los que escucharías con respeto y con los que te sentarías a negociar. Pero son algo más, referentes para su generación pero también para los jóvenes, que además del gen de la rebeldía y del de la supervivencia necesitan referentes admirables, de esos de los que ha carecido la política en los últimos tiempos. Quizá no sea tarde aunque el reto se presenta colosal. La ruptura generacional ha dejado una brecha muy grande.

Publicado originalmente en El Plural el  05/03/2015

 

La crisis como cuestión de “percepción”

En los últimos días han llegado desde el PP dos imperdibles arranques de sinceridad: uno demuestra que más que la realidad de la economía importa el cómo se vendan los datos, el otro que no les preocupa tanto la ineficacia de sus políticas como que les muevan del sillón

Si se condensara en una nube de tags los términos más repetidos por políticos y periodistas en los últimos ocho años es obvio que aparecería en primer lugar y con mucha diferencia sobre el resto la palabra crisis, que da para tanto que hasta va generalmente acompañada en diferentes categorías. Crisis económica en primer lugar claro, pero también crisis institucional, crisis de legitimidad, hasta crisis de valores en determinados ámbitos que prefieren la fustigación moralista a las incómodas cuestiones materiales porque ellos las tienen bien cubiertas.

Los que llegaron al poder gritando crisis y prometiendo soluciones mágicas han decretado que es el momento de pasar página, entre otras cosas porque es año electoral. No importa cómo se esté objetivamente sino cómo se piense que está el país. Al menos hay que agradecer esos momentos de sinceridad en los que a los que están al frente se les entiende absolutamente todo. Lo explicitó a la prensa el portavoz parlamentario del PP en el Congreso, Rafael Hernando, a la salida del Comité Ejecutivo del pasado lunes en el que los de Rajoy abordaron cómo recuperar el voto de los abstencionistas que se les fueron en las europeas de cara a las próximas citas en las urnas. Así, explicó Hernando que Rajoy les había ilustrado sobre cómo está cambiando España,“especialmente la percepción que tienen los ciudadanos de que las cosas afortunadamente van mejor y de que lo peor ha pasado”. La “percepción”, esa es, según ellos, la clave electoral.

Cuando en 2008 se le daban pescozones a Zapatero para que dijera “crisis” y no “desaceleración” España creció el 0,9%, en 2014 lo hizo en un 1,4%, lo cual evidentemente es positivo porque cambia la tendencia decreciente de los seis años precedentes pero no justifica la euforia, entre otras cosas porque no se trata tanto del cuándo se sale sino del cómo, y está claro el camino seguido. España ‘saldrá’ con una hipoteca de 41.000 millones del rescate bancario, con una deuda pública del 98% que triplica a la que existía en 2007 y con cierto alivio de la deuda privada del país -en parte por un trasvase al sector público- que era y sigue siendo el principal problema, ese es el pufo impagable y ahí sigue. Se ‘sale’ también con sueldos más bajos, conscientemente porque se apostó por la devaluación interna como salida, y con una educación seriamente tocada que dificulta que se compita internacionalmente por otra vía que no sea la de que somos más baratos, y concasi 13 millones de personas en riesgo de exclusión social y pobreza según los datos del INE. Todo ello condiciona el futuro. Para moldear la percepción se pueden esgrimir todo tipo de datos, pero obviamente esos también están ahí. Y respecto a la alarmante tasa de paro, el único dato que por lo visto está dispuesto a aceptar el Gobierno a regañadientes, está otra cifra demoledora: los parados que cuentan con el paraguas de las prestaciones han bajado un 20% respecto a 2009 cuando han aumentado un 11% los que las necesitan. Detrás de la fabulación de que se entra y se sale de una crisis como si de un túnel se tratara se esconde una visión simplista y lineal que no funciona en economía -al menos que valga entrar en un tren y salir en vagoneta- y está por ver si resulta en política.

Pero el premio al arranque de sinceridad más revelador de los últimos días -y tiempos si nos ponemos estupendos- merece recogerlo el eurodiputado Miguel Ángel Arias Cañete: “O logramos crecer y crear empleo o Europa se volverá más populista”. Años de recetas fallidas para darse cuenta de ello y no por sentimiento de responsabilidad ante la ineficacia sino porque pueden venir otros -hasta Rajoy mientras se hacía el duro con Tsipras le ha acabado dando la razón al reclamar crecimiento y empleo en la UE-. ¿Realmente Cañete pensaba que se le pagaba por nada, que no debía ser ese su primer cometido siempre? Lo terrible es que tan obcecados como están en masajear cerebros lanzando los datos macro que les convienen hayan tenido que venir Syriza o Podemos para que se les abran -parcialmente- los ojos ocho años de austeridad después. Cuánto tiempo desperdiciado y cuántas vidas comprometidas por un interesado error de perspectiva que además todavía se mantiene.

Publicado originalmente en El Plural el 19/02/2015

 

De la España del pacto Aznar-ZP a la del acuerdo Rajoy-Sánchez

A lo mejor de tanto mirar dónde aparece Podemos no se ve la letra pequeña del CIS: el terror de hoy día no se llama ETA ni yihadismo sino paro
En la España de diciembre de 2000 el principal problema de los españoles era el terrorismo, al menos en las encuestas del CIS aparecía citado por el 77% de los consultados como una de sus tres principales inquietudes. La siguiente preocupación más citada era el paro (59,9%). El pacto no tuvo ningún coste para Zapatero, al contrario, con el paso del tiempo se volvió como un boomerang contra el PP, y es que aquel acuerdo proclamaba solemnemente la voluntad de ambos partidos de “eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo”. Desde que perdieron las elecciones generales de 2004, el PP básicamente no hizo otra cosa que pisotear aquel acuerdo. Ya fuera con el 11-M o con el diálogo de Zapatero con ETA, el principal caballo de batalla de la oposición del PP de Rajoy fue el terrorismo, primero a través de los Acebes o Zaplana y luego con los Gil Lázaro tras la presuntatransición moderada efectuada por Rajoy. El PSOE se relamía con esa torpe mezquindad, tanta cicatería política no pasaba desapercibida a los ciudadanos: cuando más débil estaba ETA más gritaban los populares.

Casi tres lustros después, Pedro Sánchez ha intentado repetir jugada suscribiendo con Rajoy un acuerdo contra el terrorismo yihadista. Su portavoz parlamentario, Antonio Hernando, ha invocado los “buenos réditos” que aquel pacto de 2000 tuvo para España mientras negaba la posibilidad de una “gran coalición”. El riesgo de Sánchez no es tanto la falta de visibilidad como con quién se deja ver, y el líder del PSOE no da un paso sin que le recuerden el fantasma del PASOK. Pero no se trata de pactar o no, las negociaciones y los acuerdos ya están marcando la política nacional y quiénes no lo sepan se van a llevar un disgusto mayúsculo. ¿Pero para un pacto que no hace sino ofrecer la vía penal frente a la amenaza terrorista, sin limar los aspectos que más alarma han causado sobre la restricción de las libertades y sin ofrecer ni siquiera como compensación alguna mención expresa a la lucha integral contra la exclusión y la radicalización? Apenas se habla de la lucha contra “las expresiones de racismo, xenofobia o discriminación”, como si los factores socioeconómicos no tuvieran nada que ver con la violencia o con la vulnerabilidad a la hora de captar potenciales asesinos. Rajoy no solo fue desleal con el terrorismo, también rechazó cualquier colaboración en lo económico durante las legislaturas socialistas, apenas apoyó el nacimiento del FROB y porque el estallido de las cajas a quien menos le interesaba era al PP ya que sus hombres gestionaban la mayoría de ellas. Si Sánchez hubiera arrancado cualquier concesión social en política económica sí se habría entendido perfectamente que se tragara el sapo de pactar con el PP. Han pasado catorce años desde el pacto antiterrorista que convirtió de repente a Zapatero en ‘hombre de Estado’, pero ahora el terror se llama desempleo. Y quién lo dude que consulte ese barómetro de enero del CIS tan mentado para subrayar que Podemos aparece ya como la segunda fuerza: el 79,4% de los españoles cita el paro entre sus tres principales preocupaciones, y apenas el 1,1% cita “el terrorismo, ETA” y el 0,4% apunta al “terrorismo internacional”.

En diciembre de 2000, un inesperado y verde líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, suscribía con el PP gobernante el ‘Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo’. La iniciativa había partido del propio Zapatero y voces del PP se opusieron por considerar que daban visibilidad a su entonces endeble adversario, pero sobre todo el socialista recibió críticas internas por lo que algunos interpretaban como un abrazo de oso de los populares en un momento de debilidad de Ferraz. Era un pacto eminentemente político, un mensaje al PNV de Ibarretxe y a la ETA que había roto el pacto de Estella y la tregua. Entre otras cosas Zapatero validaba la política penitenciaria (básicamente acercamientos) como instrumento de la política antiterrorista, algo que el Gobierno de Aznar prodigó antes y después de su diálogo en Zurich con la banda terrorista.

Publicado originalmente en El Plural el 05/02/2015

 

Vaya, ahora resulta que España no es Grecia

Las madrastras que nos pusieron delante el espejo heleno ahora nos dicen que no vale porque no les gusta el reflejo que les devuelve, pero fueron ellos los que con plena consciencia eligieron en su día el modelo equivocado

Alzan el dedo al aire después de chuparlo y afinan el morro con gesto escrutador, para tras unos segundos de supuesto análisis concluir que España no es Grecia. Se trata de una ciencia inexacta que se ha extendido en los últimos días como la pólvora en la política nacional y que dio sus primeros pasos cuando Syriza se configuró en las encuestas como la primera opción electoral. Consumada la victoria de Tsipras ya hasta Rajoy vuelve al plasma pero esta vez en formato telediario para tranquilizar a los españoles y decir que no somos como los helenos, que aquí no ha habido rescate. Lástima que en Europa no piensen lo mismo sobre 41.000 millones.

España no es Grecia, nunca lo ha sido, a pesar de su alarmante similitud en las cifras de paro con las que lideran esa triste realidad dentro de la UE. Lo curioso es que los paralelismos los establecieron los mismos ‘científicos’ de las comparaciones odiosas que ahora quieren evitar el contagio de la respuesta del pueblo griego a las medidas de austeridad. En 2009, Occidente examinaba sus arterias financieras tras el colapso estadounidense, pero sale a la luz el falseamiento de las cuentas públicas de Grecia por parte del Gobierno conservador –ese con el que Aznar quería formar un eje junto a Berlusconi con el que plantar cara a Alemania, qué prepotencia y qué paradoja a la vista de cómo han dejado a sus pueblos de postrados ante Merkel-. Falseamiento de las cuentas que se produjo por cierto con la complicidad de la Goldman Sachs de Mario Draghi, el hoy aplaudido presidente del BCE por ser el único contrapeso real a la ortodoxia monetaria y el austericidio del Norte, lo que da una idea de hasta qué punto se han escorado a la derecha las políticas económicas de la UE.

Resulta que la deuda helena era impagable. A pesar del escaso peso del problema griego en el conjunto de la economía europea se desata una crisis de deuda en la Eurozona y las primas de riesgo de otros países como España se disparan con la complicidad de los paralelismos interesados que se hacen desde nuestro propio país. Aznar habla para los mercados internacionales alarmando con que España puede ser la próxima Grecia, Rajoy y Cospedal hacen lo propio para reclamar también el adelgazamiento del sector público y los recortes. Se pudo hablar de paralelismos con las crisis financieras de Irlanda o Islandia, que era el principal problema del país, pero se prefirió seguir ignorando el elefante del estallido de la burbuja inmobiliaria y el lastre que ello suponía en los balances bancarios. Ante las presiones europeas Zapatero subió a España en el carro de los países con problemas de deuda pública y en mayo de 2010 se inicia la senda de los recortes mientras se intenta arreglar por la puerta de atrás el crack de las cajas. Una cosa es ser prudente porque una crisis financiera se retroalimenta con la alarma y otra poner a Rato como hizo el PP en Madrid con el beneplácito del Banco de España al frente de Bankia para que tocara la campana y repetir en Bolsa el rescate que ya habían acometido a su pesar los preferentistas.

Una de las jugadas más lamentables por las que el PP quiso convertir España en Grecia fue cuando una vez tomado el poder denunciaron que se habían encontrado déficits ocultos y cuentas falseadas, tan arriesgado para la credibilidad del país como para ellos: las desviaciones de las cuentas venían esencialmente de las comunidades que ellos mismo gobernaban A pesar de los recortes la prima de riesgo sigue subiendo y en verano de 2012 se acepta lo inevitable: el rescate financiero. El Gobierno de Rajoy aprueba 35 medidas para reducir el gasto público en 65.000 millones de euros, entre las que se incluye la reducción de la prestación por desempleo, la subida del IVA al 21% o la supresión de la segunda paga extra a los funcionarios.

Los recortes de España no han llegado ni mucho menos al punto de Grecia, sobre todo en cuanto a los tijeretazos a los funcionarios, pero es que la situación no tenía nada que ver. Al menos en 2009, porque entonces la deuda pública española estaba en el 52% y ahora con las medidas contractivas ya está en el 98%. La alarma helena se desató en 2009 en el 113%, la diferencia es que ahora el BCE está actuando en los mercados de deuda. Quienes quieran profundizar en similitudes y diferencias que vean el excelente reportaje El Espejo Griego de La Sexta Columna. Las madrastras que nos pusieron delante el espejo heleno ahora nos dicen que no vale y pretenden cambiar el final del cuento porque no les gusta el reflejo que les devuelve, pero fueron ellos los que con plena consciencia eligieron en su día el modelo equivocado.

Publicado originalmente el 29/01/2015

 

El Roscón

Resulta fascinante desde el punto de vista de la comunicación el encuentro de Monedero y Lomana, una especie de híbrido entre los saloncitos clasistas del XIX y los influyentes platós televisivos actuales. Políticamente genera más inquietud de la que disipa.

Las tertulias decimonónicas en los salones de la alta sociedad constituían un instrumento político de primer orden, con tendencias bien definidas según la familia que las promoviera aunque también cambiantes al albur de las modas y los vaivenes de la actualidad. Los personajes pujantes del momento se convertían en reclamo de primer orden para prestigiar cada foro y a sus patrocinadores, que competían entre ellos por ser los más influyentes, nos podemos hacer una idea de esas reuniones por escritores como Galdós o Tolstoi. En paralelo crecía la más coral influencia de los cenáculos de café en los que grupos más reducidos reflexionaban sobre cómo cambiar el mundo a golpe de manifiesto, de pistola o de partido político, en reuniones más restringidas pero también de carácter regular y digamos que semi-publicas ya que no eran completamente abiertas pero se conocía su existencia y había cierta posibilidad de participar.

Desde que la televisión desbancara a la radio -que a su vez había destronado a la prensa, aunque ésta nunca fue un medio de masas- como el principal medio de entretenimiento e información del ciudadano medio era inevitable también que se convirtiera en escenario político. Las tertulias influyentes se han trasladado a los salones de cada casa en parte con una falsa sensación de democratización: asistes en primera línea pero no intervienes, a no ser que mandar un mensaje de móvil o tuitear sea considerado como interactuar al mismo nivel que los emisores que vemos en pantalla. Las tertulias políticas de las grandes cadenas han desplazado en influencia a los informativos y se ha producido un significativo cambio en los últimos tiempos: ya no son periodistas afines a un partido u otro los que sintetizan las diferentes posturas sino que son políticos directamente los que asumen la palabra. El cambio ha influido directamente en la configuración de los propios partidos: no es ya tanto la formación la que elige a sus portavoces sino que el dirigente que ha sabido hacerse un hueco en esos salones aumenta exponencialmente su influencia en sus filas. Podemos ha sabido leer el momento conscientes de que nadie asumía esa voz en estos foros y el espectador lo esperaba, pero todos están en lo mismo. Tania Sánchez y Alberto Garzón empiezan a recoger los frutos de su exposición mediática en los últimos años, en el PSOE hace lo propio Antonio Miguel Carmona mientras que Pedro Sánchez compatibiliza presencia en espacios informativos con otros puramente de ocio. Mientras, el PP comienza a dar marcha atrás con su apuesta fallida por María Arenales Serrano y da galones de campaña al aznarista Pablo Casado, que llevaba tiempo haciendo la guerra catódica por su cuenta junto a otros mejor vistos por la dirección nacional como Borja Sémper.

La influencia de la TV espanta a muchos, pero nada ha cambiado en ese sentido desde que se instaurara la hegemonía de la ‘caja boba’. Y puestos a elegir entre una legión de periodistas persiguiendo pongamos que a un animal mediático como Esperanza Aguirre que controlaba al milímetro sus palabras, sus silencios o sus evasivas a las preguntas incómodas y por tanto los canutazos de segundos que luego reproducirían al unísono todos los medios, al menos hay que reconocer que en una tertulia están obligados a sostener argumentos y casi siempre hay réplicas incómodas.

Resulta fascinante desde el punto de vista de la comunicación que Juan Carlos Monedero y Carmen Lomana hayan sintetizado con un Roscón de Reyes de por medio el mundo antiguo del saloncito clasista con la trascendencia mediática que les confiere el haberse convertido en personajes televisivos. A Monedero le resulta mucho más cómodo “evangelizar” como dice él a Lomana en la casa de ésta y ganarse la simpatía de un referente para determinado público que hacer el puerta a puerta no solo por el barrio de Salamanca de Madrid, sino por el equivalente de este ‘cogollito’ en todas las capitales de provincia de España. No creo que la aspiración sea tanto ganar votantes como neutralizar el grito de ‘vienen los bolivarianos a expropiarnos’ entre un segmento significativo de españoles. La escena habría dado hace casi un siglo para un magnífico cuadro de Gutiérrez Solana (a medio camino entre La tertulia del café del Pombo y La visita del obispo) y hace apenas dos años para algo menos lúgubre y más festivo como un espacio de tele-realidad de la MTV, pero ahora la reunión del Roscón podría haber ido perfectamente en el prime-time de cualquier gran cadena generalista. Apenas echo en falta a un Pedro J presente bebiendo su chocolate a la taza mientras diserta sobre la Revolución Francesa para que sea completamente redondo. Para algunos la jugada estratégica del politólogo es un gran acierto para tranquilizar sobre un hipotético gobierno de los suyos, y a tenor de las declaraciones de su anfitriona este cortejo, que lleva varios episodios, ha dado sus frutos en términos de dulcificación del estereotipo. Para otros ha sido una equivocación porque se traslada una imagen frívola y algo ridícula. Pero lo más importante es si ganan o pierden más con ese mensaje, es decir, si un cambio que no inquiete al menos en parte a Lomana y sus amigas seduce al grueso de sus potenciales votantes.

Publicado originalmente en El Plural el 15/01/2015