Podemos es pop, ¿y?

Como todo buen fenómeno de masas que se precie y que ha sabido transmitir una imagen nítida, Podemos provoca reacciones viscerales y confrontadas, adhesiones inquebrantables, esperanzas desmesuradas y odios difíciles de entender a esta altura de la película porque no han tenido tiempo de pisar tantos callos. Y los que han pisado han sido con fuerza pero a nivel dialéctico, a la espera de su toma de posición en la política nacional, que cambiará considerablemente el escenario actual.

Sobre las críticas de presunta irrealidad de su propuestas, Economistas frente a la crisis acaba de difundir este análisis que sorprenderá a muchos al sopesar seriamente su viabilidad. Aunque creo que la renta mínima universal es su talón de Aquiles, ya han “agitado el avispero” que diría Sabina para hablar de salarios mínimos decentes o trabajo garantizado. Creo que cuando se acusa a Podemos de populismo lo que subyace la mayoría de las veces es en realidad un reconocimiento disfrazado de descalificativo: Podemos es pop, entendido como discurso que recurre al lenguaje más cercano al público al que se dirige para conectar con él, para seducirlo, ilusionarlo y convencerlo. Estamos en el siglo XXI y la esencia de la democracia es convencer al votante, el partido que no sea pop hoy en día no es que no lo pretenda, es que no sabe, y si realmente no aspira a llegar al mayor número posible de potenciales apoyos es que carece de ambición.

Sí, Podemos sabe de marketing. En su campaña de las europeas, la de menor presupuesto entre los partidos que consiguieron representación, utilizaron por ejemplo eslóganes para presentarse como alternativa al bipartidismo que tienen todo el aire de la campaña lanzada en 1968 por la cual el refresco 7up se convirtió en el tercer refresco más vendido de EEUU al presentarse como “la sin cola”, la alternativa a las mayoritarias Coca-Cola y Pepsi, un clásico de los manuales de publicidad.

Sí, han convertido las televisiones en un objetivo estratégico, como cualquier partido, tras bregarse en La Tuerka. Hablan de The Wire o de Juego de Tronos -lo que tiene más que ver con rejuvenecer los referentes culturales de su audiencia que con auténtica innovación- y se comparan con estrellas de rock, aunque lo cierto es que el Pablo Iglesias o el Juan Carlos Monedero de Tele K tenían más aire de autores de cómic underground del tipo Crumb o Sacco. La contracultura ha sido uno de los mejores trampolines a la cultura de masas, y aunque la popularización se vea como sospechosa en el arte, en política esa aspiración de supuesta pureza de lo marginal no tienen ningún sentido. La propia ambición del partido tras las europeas a la hora de anunciar que no se conformarían con un cómodo papel residual sino que aspiran a tocar poder y transformar les da credibilidad. Pero esa misma credibilidad requiere una capacidad de acuerdo y de reconocimiento de que algo se habrá hecho también en la construcción del menguante Estado de bienestar actual si ahora se está defendiendo.

El mensaje ha llegado antes que la estructura, y en ello están para organizar en buena medida el 15-M, Monedero repite que son conscientes de que son “canalizadores” de un malestar, ellos no generan una indignación que ya estaba ante la realidad socio-económica del país. La crítica de que controlan el mensaje podría ser esgrimido por IU, que es la formación que aspira también a capitalizar ese papel de fuerza alternativa transformadora. Pero resulta alarmante que a pesar del recelo con el que miran a la formación de Iglesias las fuerzas mayoritarias no se tomen en serio el trasfondo de la cuestión: por mucho que sean buenos en comunicación, si su discurso cala es porque hay hartazgo social, porque las puertas giratorias y las ‘castas’ son visibles. Es cierto que está de moda criticar a los banqueros, o como dicen los cursis ahora, que es mainstream. Pero lo que realmente marca tendencia en la actualidad es rescatar banqueros y arrullarlos con dinero público*.

* No se trata solo del rescate directo de las cajas en las que se pone el foco por su componente público y donde se han producido auténticos saqueos, lo que en cualquier caso refuerza la percepción de una casta político-económica ajena a realidad. Las políticas de sostenimiento bancario impulsadas por el BCE han sido planes de acción integral de los que se ha beneficiado también la banca privada, y en España todos se han beneficiado de la costosa SAREB para minimizar en lo posible la devaluación del ladrillo.

Publicado en El Plural el 03/10/2014

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